• A. de Rojas

El Muerto Viviente

No sólo de cerebro vive el zombi


Es de noche, atrapados en un viejo caserón de madera, varios desconocidos intentan sobrevivir al horror que mora en la oscuridad del exterior. Un horror que arrastra sus pies lentamente hacia donde el instinto más primario les guíe, el instinto de alimentarse, de sobrevivir a una muerte que ya es. En esa, la contradicción más absoluta, reside el delirio, el imposible perturbador que enloquece a los testigos de su inesperada realidad, la lógica que hasta entonces la regía ha saltado por los aires. Y con ella, la moral, la ética, los principios y en definitiva, los cimientos sobre los cuales se erige el mundo social. Pero ¿Qué sociedad es posible cuando los muertos viven y los vivos sobreviven?


Lo que había es transgresión, coraje, creatividad, entusiasmo, ambición, constancia, herencia, y hambre. Pero sobre todo había mensaje y si hay mensaje, hay cine.

La Noche de los Muertos Vivientes avisa desde su título de esta fascinante paradoja, quizás sea ese el motivo por el que a pesar de que muchas personas no hayan visto ni un solo segundo de su metraje, sí reconozcan de inmediato esas seis palabras como el título de la de los zombis. Permitid que lo arregle, es LA de los zombis. Y es que el estatus legendario de esta obra de terror que a unos locos sin medios se les ocurrió rodar porque iba a ser más fácil venderla que una de vaqueros, está ganado a pulso, ya que ha sido capaz de situarse como un hito y no nos equivocaríamos al decir que se trata de la película que inicia un nuevo ciclo en el género, el del terror moderno.


Y con esos galones nada menos, una versión 17 años más joven de un servidor con una obsesión (un tanto inquietante) por el cine gore, esperaba mucho de semejante cúspide cinematográfica. Mentiría si dijese que recuerdo en que condiciones la vi por primera vez o cuando, pero sí recuerdo el motivo por el que lo he olvidado, la decepción. El gusto por las vísceras y las altas expectativas se confabularon y el visionado pasó sin pena ni gloria, el festival de la sangre que esperaba nunca llegó y en mi psique adolescente la monumental leyenda se derrumbaba.


Pero había algo en aquellas ruinas que las hacía más atractivas que cualquier orgía sangrienta, un rescoldo luminoso al que fui acudiendo cual vulgar polilla para reconstruir el templo al terror que es La Noche de los Muertos Vivientes.


Lo que había es transgresión, coraje, creatividad, entusiasmo, ambición, constancia, herencia, y hambre. Pero sobre todo había mensaje y si hay mensaje, hay cine. Y es que independientemente de la discutida intencionalidad por parte de su director, el maestro del terror underground George Andrew Romero y sus colaboradores, la realidad es que las múltiples lecturas que se pueden extraer de este clásico hacen que se eleve por encima de sus vástagos, que han sido numerosos y en su mayoría de dudosa calidad.


El cine gore o splatter (termino acuñado precisamente por Romero para definir su secuela Dawn of the Dead) surgió de estas raíces para florecer en una catarsis de violencia, hacia una escalada imparable cuyo único propósito era romper la siguiente barrera moral y el regocijo de sus sedientos fans, entre los cuales me incluyo. Con el tiempo, lo que surgió como un recurso útil para captar la atención, se convirtió en la atracción principal, en detrimento de los códigos e ideas detrás del guión.


Sin embargo, La Noche de los Muertos Vivientes es mucho más, tras el telón rojo sangre, encontramos una reflexión sobre el comportamiento humano, la fragilidad de las estructuras sociales y sus convencionalismos, la relatividad de la naturaleza humana, solo por mencionar algunas. Sumergirse en las posibles ideas que rezuman de su visionado es apasionante, hay quienes han querido ver críticas al sistema capitalista (lo cual es mucho más evidente en su secuela), reivindicaciones anti racistas (las había, pero no fueron premeditadas), anti belicistas (la película se estreno en plena ola de protestas por la guerra de Vietnam), y otros mensajes contrapoder.


La noche de los muertos vivientes es una víctima del género al que alumbró

La cinta contenía una cinematografía contemporánea nutrida del estilo gótico de la Universal y una banda sonora extraída de antiguas películas de ciencia ficción B que fueron la escuela visual de George. Teniendo esto último en cuenta, probablemente la tentación de realizar un pastiche entretenido pero sin trascendencia con el objetivo de rentabilizar el trabajo sería muy alta, y sin embargo aquellos pioneros del cine independiente decidieron añadir a la formula el humanismo suficiente para que todas esas ideas trascendieran, lo que ha permitido que hoy sigamos hablando de ella.


Bien es sabido que esa tentación sí fue abrazada por sus "sucesores". Más allá de las obras que se salvan de esta definición, que las hay, en su mayoría el subgénero se ha abarrotado de material destinado exclusivamente a un entretenimiento superfluo, una función licita, pero que por lo general se auto condena al olvido.


Es por ello que La noche de los muertos vivientes es una victima de los vástagos a los que alumbró, pues ha quedado sepultada entre cientos de obras de un interés más morboso que cinematográfico.


¿Qué convierte a una película en un clásico? Antes de iniciar otro debate que llevaría días concluir, en el caso de la noche de los muertos vivientes dos factores marcan la diferencia, por un lado el impacto de las imágenes en aquel contexto histórico / social, y fundamentalmente la capacidad de inducir al espectador en reflexiones que van más allá de la propia narrativa.


Esas reflexiones son esenciales para la permanencia en el tiempo de cualquier obra, pues cuando estas apelan con atino al instinto humano, sus pasiones e interacciones más básicas, convierten a una película en atemporal. Y ahí reside la clave diferenciadora entre LA de los zombis y la de los zombis.


O puedes ignorar todo lo anterior y disfrutar de la escalofriante bizarrada que se le ocurrió a un tal Jorge. También me vale.


Habemus Splatter.



Posdata:


Si has llegado hasta aquí, considera pasarte por nuestro podcast Terrorscope, y el capítulo que le hemos dedicado a este clásico donde los haya:








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